El ejemplo más perfecto de integración

El testimonio de Laura Riskin de Mutchinik, la primera argentina que nació en el asentamiento judío regional. “Siempre hubo una sincera y profunda amistad entre los españoles, italianos y rusos”, rememora la vecina.
Diario Río Negro. Jueves 1 de setiembre de 2005
 
MUCHOS IDIOMAS, CULTURA Y TRABAJO : Las primeras cooperativas de la región surgieron de la Colonia Rusa, donde un mix de corrientes inmigratorias intercambiaban sus idiomas, saberes y economías.
El matrimonio de Bernardo Riskin y María Locev llegaron a General Roca escapando de la Primer Guerra Mundial. Aquí se integraron rápidamente a la Colonia Rusa, donde vivieron hasta el fin de sus días. Laura Riskin de Mutchinik, hija menor del matrimonio y la primer niña nacida en la colonia, cuenta cómo era la vida en la última colonia judía de la Patagonia.
“Papá llegó a Roca a fines de 1913. Vino como desertor del ejército ruso. El ya había hecho seis años de servicio militar pero cuando se comenzó a comentar sobre la guerra decidió desertar. Como su cuñado Isaac Locev había sido uno de los fundadores de la colonia, papá tomó el primero barco que encontró en Hamburgo y vino directamente”, cuenta Laura.
Al año siguiente se unieron a él su esposa María y sus dos hijos, Rufino y Jacobo, de uno y tres años.
“En ese momento -agrega Eduardo Mutchinik, hijo de Laura- había un plan de colonización en esta zona y les daban tierras a los inmigrantes para que las trabajaran. El primer grupo había llegado en 1906, año en que se fundó la colonia. Gracias a este plan mi abuelo consiguió su propia chacra”.
“La colonia era una zona de chacras de inmigrantes españoles, italianos y rusos que tenían como centro una sinagoga, donde funcionaba también una escuela. Frente a ésta había un negocio de ramos generales pero no había nada más. Para otras compras los habitantes recurrían a Stefenelli”, explica Eduardo.
Para Laura, una de las características esenciales de la vida en Colonia Rusa era la gran amistad entre sus habitantes. “Había una amistad muy sincera entre españoles, italianos y rusos -asegura- porque todos estaban en la misma situación. Hasta los maestros eran verdaderos amigos”.
Colonia Rusa era en ese tiempo el lugar de reunión de judíos de todo el Alto Valle. Llegaban de Neuquén, Allen o Cipolletti para participar de las ceremonias religiosas que se hacían en la sinagoga de la Colonia. No había rabino, pero todos los fines de semana Isaac Locev manejaba los oficios.
En la sinagoga se daban clases tanto de religión como de conocimientos generales para los chicos judíos. “Unos años después, pusieron una escuela estatal. Entonces íbamos a la mañana a la escuela hebrea y a la tarde a la estatal”, afirma Laura.
En la colonia se hablaban muchos idiomas. “En mi casa mis padres hablaban el idish, pero además teníamos algunos empleados rusos con los que mis padres hablaban en ruso y para afuera se hablaba español. Mi padre hablaba muy bien en cualquiera de las tres lenguas”.
Desde la colonia también salieron las primeras cooperativas de la zona. Bernardo fue integrante de la Primer Cooperativa Frutícola de Roca, de la Cooperativa Fuerte General Roca que hacía los Vinos “El Poderoso”, de la Cooperativa Forrajera Alto Valle de Cervantes, de la Cooperativa de Conservas Alimenticias de Cervantes, de la Federación de Cooperativas de Río Negro y Neuquén y formó parte de la Comisión Asesora de Referentes del Valle Superior del Río Negro.
“El cooperativismo era la única manera de defenderse que tenían en ese momento los productores -explica Eduardo-. Todas las cooperativas de la zona van de la mano con los cultivos que se hacen en ese momento, primero los forrajes y tomates y luego los frutales y viñedos”.
La vida en la colonia era de mucho sacrificio. “Cuando yo era chica -recuerda Laura-, mis padres iban a buscar agua con baldes al canal tanto para el consumo como para la higiene. Después teníamos un aljibe y un depósito para guardar el agua hasta que se pudo poner agua corriente”.
Tampoco había doctores. “A mí no me revisó ningún médico hasta los 18 años, cuando llegó el doctor López Lima. Me acuerdo de que mi madre tenía que viajar a Allen a ver al doctor Acame”, asegura Laura.
Sin embargo, pese al sacrificio que diariamente hacían las cerca de 60 familias que vivían en la Colonia, cada uno en la medida en que podía ayudaba a su vecino y a los que recién llegaban para instalarse con ellos y crear entre todos un mundo sin guerras.
Por este relato es que este suplemento aniversario de Roca recupera el testimonio de Laura y su hijo Eduardo, toda una familia pionera de esta parte de Río Negro y Neuquén. (M. B)

 

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